¿Cómo dejé pasar los ataques de ansiedad sin salir corriendo al hospital?

¿Cómo dejé pasar los ataques de ansiedad sin salir corriendo al hospital?

Voy a contarte cómo es que dejé pasar los ataques de ansiedad sin salir corriendo al hospital. Después de mi primer ataque de ansiedad, vinieron muchos más que se presentaban de maneras diferentes, he pasado por tantos síntomas que me resultaba difícil identificar cuándo iba a tener uno.

¿Recuerdas esos efectos de película de terror en los que, el pasillo se alarga y la salida se ve cada vez más lejos? Pues para mí, era un evento cotidiano cada 2 días el de salir corriendo buscando un hospital… Caminaba a toda prisa y empezaba a sentir que las calles eran interminables, que se alargaban y sentía que iba cada vez más y más lento porque me pesaba el pecho y los pies.

Salir a toda prisa.

Recuerdo que un día comencé a sentirme raro, con palpitaciones, veía puntos brillantes, mis manos no dejaban de sudar, salí de mi oficina a toda prisa para dirigirme a un hospital pero en el momento de abrir la puerta, me encontré de frente con una señora  que no perdió el tiempo para hablar, la verdad es que ni siquiera le ponía atención, creo que intentaba venderme algo, sólo esperaba la oportunidad para poder librarme de ella y correr al hospital. Cuando por fin dejó de hablar le dije el clásico «No, gracias» y seguí mi camino.

 

En otra ocasión tuve un ataque de ansiedad justo al llegar a la casa de la que entonces era mi novia, quería salir corriendo pero su papá empezó a platicarme muchas cosas que honestamente no recuerdo, el señor es una persona que habla demasiado, y no es que no me interesara lo que decía, simplemente sentía que me estaba muriendo y  yo no quería ser grosero al interrumpirlo (una tontería, lo sé, pero ese era mi pensamiento). Recuerdo que me temblaban las manos y me sentía tan mal que sólo deseaba que se diera cuenta y me llevaran al hospital, sin embargo, eso no pasó.  Salí de ahí 30 minutos después.

 

Hubo una ocasión que tuve que ir a León, Guanajuato a la boda de un buen amigo, estaba intranquilo pero sobreviví al viaje en autobús, de regreso me empezó a invadir un ataque de ansiedad. Recuerdo que me retorcía con desesperación en el asiento mientras miraba desesperanzado el desértico camino, alejado de toda ayuda humanamente posible, quise poner una película para distraer mi mente, pero mi mente seguía preocupada porque no se veía ni una casa en el camino, pensé que si estaba por tener un infarto, definitivamente iba a morir ahí, pero luego de 15 minutos, la ansiedad comenzó a disminuir y pude llegar a mi casa sin otro problema.

 

Siempre tuve que esperar

En retrospectiva, mirando estas situaciones, me di cuenta que siempre tuve que esperar, no salí corriendo por ayuda ni busqué un hospital con desesperación, y todas esas veces sobreviví. Sí que entendí que nada malo me había pasado en estas ocasiones y que nada malo me pasaría en las próximas veces, aprendí que es mejor esperar un poco, darnos un tiempo y no salir huyendo, permitirle a la ansiedad que llegue y que se vaya. Como en las caricaturas, cuando en lugar de evitar que alguien entre corriendo, le abren la puerta de adelante y de atrás para que siga corriendo y salga de la casa.

 

Me doy tiempo para sentir y dejar ir

La mayoría de las veces he podido controlarme en las reuniones, juntas de trabajo y restaurantes, porque me doy tiempo para sentir y dejar ir las sensaciones, me doy tiempo para mí, para dejarlo pasar, y lo más importante es que gracias a ese tiempo para mí, me doy tiempo para convivir y socializar con mis amigos y gente de mi entorno.

Espero que tú también puedas darte un tiempo y pronto encuentres la manera más adecuada para no salir huyendo.
¡Camina, no corras!

Saludos.

Foto de portada: Ryan McGuire


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